El Cold War Horse de Rocky Flats es un monumento público instalado a lo largo de la autopista 72, en el perímetro sur de la antigua planta de armas nucleares de Rocky Flats. La escultura fue creada como respuesta al desvanecimiento de la memoria pública y al reconocimiento limitado del legado nuclear del sitio.
Poco después de su instalación inicial, la escultura fue gravemente vandalizada. Lejos de silenciar la obra, el acto atrajo la atención generalizada tanto al monumento como al legado irresuelto de Rocky Flats. El Cold War Horse fue reconstruido posteriormente, reinstalado de forma permanente y dedicado formalmente en el décimo aniversario del cierre de la planta en 2015. Desde entonces, ha aparecido en importantes publicaciones, ha sido reconocido como uno de los "monumentos de carretera más fascinantes de Estados Unidos" y ha seguido provocando una fuerte respuesta pública y un diálogo continuo sobre Rocky Flats.
El Cold War Horse permanece en su lugar hoy en día, erigiéndose como un recordatorio duradero de que el legado de Rocky Flats aún habita en la tierra, en las comunidades circundantes y en la historia en curso de la era nuclear.
La inscripción en piedra que acompaña al monumento dice:
Este memorial fue creado para reconocer la historia de Rocky Flats, a sus trabajadores y a la comunidad circundante.
Rocky Flats fue una instalación de producción de armas nucleares que ejerció una enorme influencia durante la Guerra Fría. Durante casi cuarenta años, la planta fabricó los disparadores de plutonio de casi todos los armamentos nucleares del arsenal de los Estados Unidos. Se estima que en esta planta se produjeron 70.000 disparadores de plutonio. El plutonio es una sustancia altamente tóxica y radiactiva, por lo que se debían tomar precauciones especiales. Las operaciones rutinarias y los accidentes contaminaron el suelo, el agua y el aire de las zonas circundantes con material radiactivo y tóxico.
Tras un segundo incendio de plutonio de gran magnitud en 1969, el más importante de la instalación, las protestas ciudadanas cobraron fuerza e instaron a Rocky Flats a cesar sus operaciones. En 1989, el FBI, junto con la EPA, realizó una redada en el complejo durante la primera intervención de este tipo.
En la inauguración de este memorial, 10 años después de la "limpieza" de Rocky Flats, aún persisten preocupaciones de seguridad debido a la contaminación remanente y a las dudas sobre el riesgo. No obstante, la historia de este importante sitio nacional e internacional, y de los trabajadores que tanto sacrificaron, aún no ha sido reconocida por los gobiernos federal, estatal o local. Este memorial se erige en un recordatorio de una historia que no debemos olvidar.